Irina Lévian, soprano: “Me gusta mucho Pablo Alborán”

Compártelo!

Nació en Ucrania. Iba para pianista de jazz cuando su madre le sugirió que probara con el canto lírico. Lo hizo, le encantó y el mundo de la ópera ganó una voz mágica. Entusiasta, intrépida y vital Irina Lévian reconoce que en esto de ser cantante lírica no existe la conciliación familiar, por eso intenta pasar todo el tiempo que su profesión le permite con su pequeño hijo. Después de ganar, entre otros, el XII Certamen de Nuevas Voces Ciudad de Sevilla en 2014, regresa al Teatro de la Maestranza en el ciclo de Jóvenes Intérpretes junto al pianista Francisco Soriano.

 

Irina, no has parado de ganar premios… ¡¡¡menudo carrerón llevas!!!
Participar en los concursos siempre me ha gustado. ¡Esos nervios que hacen temblar las manos y estar siempre a punto de desmayarte en el escenario! Ganas de salir y competir… Esperar para ver si tu nombre aparece en la siguiente ronda… Muchas veces no pasaba ni siquiera a la segunda ronda. Luego, después de cada participación me ponía a pensar qué era lo que tenía que mejorar y, así, algunas veces ganaba sólo experiencia y otras veces premios. Sin embargo, los que más valor tienen para mí, aparte de ganar los primeros, son los premios del público o los premios a la mejor interpretación de zarzuela.

 

Mi maestra, Valentina Kulko, sólo me animaba y parecía que no había nada que temer: los pasajes del Aria de Ludmila las cantaba con una facilidad y seguridad que creo sólo a los 17 años se puede tener. Para mí fue una diversión, como un pasatiempo. Tenía todo el apoyo de mi familia y mi maestra y me sentía muy segura de mis capacidades. ¡Qué cosas eres capaz de hacer cuando aún no tienes criterio! Bueno, ése fue el momento clave, porque vi que me gustaba mucho el rol de cantante lírica y decidí que ése será mi camino profesional.

 

Naciste en Ucrania pero estudiaste canto en el Conservatorio de Valencia… ¿cómo recalaste en Valencia?
También fue gracias a un ‘fracaso profesional’, como pensaba en aquel momento. Pero al final resultó ser una suerte y estoy muy agradecida por eso. La primera vez que salía de mi país a Europa fue en septiembre de 2009. Y lo hice para participar en el concurso de Montserrat Caballé. No pase a la final. Pero tenía obsesión por ver el mar y decidí aprovechar unos días libres e ir a Valencia. Como el conservatorio superior estaba antes por el camino a la playa, salí unas paradas antes por pura curiosidad de ver cómo era. No había casi nadie, sólo sonaba una bonita voz de tenor. Llamé a la puerta de aula y me contó que estaba esperando a Ana Luisa Chova. Cuando ella llegó le pedí que me escuchara. Luego quise probar suerte y participar en los exámenes de acceso. Tenia muchísima ilusión, pero no sabía ni una palabra de español, así que hablé en inglés. Todos han sido muy amables conmigo, me han ayudado mucho. Aquel día me enamoré de los españoles, recuerdo que pensé “qué simpáticos, alegres y agradables son”. ¡Y así empecé en Valencia! Hice la convalidación de los cinco años que había estudiado en Ucrania en la Academia de Música, Odessa y Conservatorio superior de Kiev, y en unos años acabé los estudios en el Conservatorio Superior de Valencia mientras empezaba en el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo.

 

Eres muy joven, ¿cuándo sentiste que querías dedicarte a la lírica?
Desde los seis años y hasta los 16 he estudiado piano. Acabé los estudios como pianista de jazz en el conservatorio. Escribía canciones y las cantaba a dúo con un chico. Pero un día mi madre insistió en que probara con el canto lírico. Todos mis amigos me decían que no me veían cantando ópera, ¡se reían de mí! Pero los estudios se me daban muy bien y en un año di un recital con orquesta, cantando Verdi, Puccini, Tchaikovsky, en el conservatorio donde estudiaba mi carrera de piano. Mi maestra, Valentina Kulko, sólo me animaba y parecía que no había nada que temer: los pasajes del Aria de Ludmila las cantaba con una facilidad y seguridad que creo sólo a los 17 años se puede tener. Para mí fue una diversión, como un pasatiempo. Tenía todo el apoyo de mi familia y mi maestra y me sentía muy segura de mis capacidades. ¡Qué cosas eres capaz de hacer cuando aún no tienes criterio! Bueno, ése fue el momento clave, porque vi que me gustaba mucho el rol de cantante lírica y decidí que ése será mi camino profesional.

 

¿Qué les dirías a esos jóvenes que piensan que la lírica y la ópera son aburridas?
Si alguna vez van a ver ópera, seguro que tendrán una experiencia inolvidable. Dirán que han visto mucho arte en un solo espectáculo: baile, teatro, proyecciones, efectos de luz… Hablarán sobre el vestuario, sobre la grandeza de coro, sobre las notas agudas y los aplausos. Dirán que han escuchado maravillosas voces, que han disfrutado de la orquesta, que han vivido una historia… Algunos bajarán a los camerinos para saludar a los solistas, y luego subirán una foto en las redes sociales.

 

Has cantado a las órdenes del mismísimo Zubin Mehta… ¿qué se siente?
Personas como el Maestro Mehta te hacen entrar en un estado de concentración increíble, crean magia entre todo el equipo. Te sientes parte la de creación de algo increíble. Me acuerdo que me hacía repetir varias veces Addio del Passato a las 23:30 de la noche, con la orquesta en el foso, para sacar el mejor color, el mejor pianissimo que podía dar. Es increíble todo lo que he aprendido con él. Me he sentido muy cuidada por él, con su gesto y su dirección. Y muy afortunada por haber tenido la oportunidad de trabajar con él.

 

¿En qué repertorios te sientes mejor?
Siempre he estado dudando entre mezzo y soprano. Prefiero el repertorio en el que puedo cantar con toda mi pasión, donde puedo demostrar y agudos y graves, caracteres diferentes y emociones distintas. Me encanta el rol de Santuzza, Tosca, pero también he disfrutado cantando Mimi y Violetta! Y el Requiem de Verdi, que el año pasado canté en Auditorio Nacional, ha dejado una huella en mi corazón.

 

En mi país, las prioridades de muchísima gente son comer y sobrevivir. Y muchos de ellos nunca han ido ni al cine… Ojalá pronto haya paz en mi país, es lo que en estos momentos más nos preocupa.

 

¿Cuál es el rol de tus sueños?
Santuzza y Turandot.

 

¿Y tu ídolo?
Elena Obraztsova.

 

¿Te gusta la música actual?
Cada cada ocasión requiere su música. Me gusta mucho el jazz de Sarah Vaughan y Luis Armstrong; el rock de Schwarzer Engell, Kovacs y Guns n’Roses; el pop de Sergio Dalma, Pablo Alborán… Y algunos artistas ucranianos como Okean Elzy. Y escucho mucha música lounge, como Buddha-Bar.

 

¿Por qué crees que la gente, en general, piensa que la ópera es un arte elitista?
En mi opinión porque prefieren gastar ese dinero en otras cosas. Cada uno tiene sus prioridades: hay quien disfruta más del menú exquisito en restaurantes de estrellas Michelin, o comprando una camiseta de marca, hay quien prefiere gastar lo mismo en una entrada para un partido de fútbol, y otros prefieren visitar los mejores teatros del mundo. Creo que es cuestión de gustos. Ahora tienes la opción de obtener tu entrada de ópera por precio muy económico; te puede costar casi lo mismo que ir al cine.

 

Los niños son muy listos. Sólo les tienes que dar la oportunidad de descubrir y la libertad de elegir. Acompañar y no intervenir. Me refiero a que, si un niño tiene interés por la música, se lo demostrará a sus padres. Y los padres, si tienen posibilidad, harán lo posible para desarrollar sus talentos y lo apoyarán en su elección.

 

¿Ves diferencias en este sentido entre tu país y España?
Hay mucha diferencia en todo. Vivo en España desde hace ya más de ocho años y en este tiempo he estado unas cinco veces en mi país. Las diferencias se ven ya en el avión. Las prioridades de muchísima gente son comer y sobrevivir. Y muchos de ellos nunca han ido ni al cine… Ojalá pronto haya paz en mi país, es lo que en estos momentos más nos preocupa.

 

La educación musical en España, me refiero a la que se imparte en los colegios e institutos, es más bien escasa y casi siempre monótona. Sin embargo, hay muchos cantantes líricos, y muy buenos, en España. ¿Qué opinas?
Los niños son muy listos. Sólo les tienes que dar la oportunidad de descubrir y la libertad de elegir. Acompañar y no intervenir. Me refiero a que, si un niño tiene interés por la música, se lo demostrará a sus padres. Y los padres, si tienen posibilidad, harán lo posible para desarrollar sus talentos y lo apoyarán en su elección. Me gustaría que los colegios tuvieran varias asignaturas para que el niño pueda probar y decidir que es lo que le gusta. Quizás si sabe que le gusta cantar, por ejemplo, tendrá más tiempo de aprender y luego escogerá la carrera de canto. La ventaja es el tiempo que gana para poder empezar sus estudios antes y tener oportunidad de trabajar en lo que realmente le gusta.

 

¿Crees que los certámenes de nuevas voces y los concursos de canto estimulan la vocación?
¡Muchísimo! Tengo amigos a los que no les gusta participar en los concursos. Pero si lo haces, tienes la oportunidad de escuchas otras voces, observar actuaciones de los compañeros y aprender cómo superar o aceptar y saber manejar los nervios de escenario. Descubres cuánto pierdes y cuánto ganas técnicamente cantando el repertorio que has traído para el concurso, y también gestionas tus emociones si no has ganado nada o si la actuación no ha salido como esperabas. Conoces gente importante del mundo de la lírica, recibes consejos, críticas, quizás alguna propuesta de trabajo o audición. Puede que te escuche algún representante y te proponga trabajar juntos. Vamos, ¡es más que sí!

 

¿Qué opinas de los reality show como Operación Triunfo, Got Talent, etc?
¿Y por qué no? Al fin y al cabo se trata de disfrutar cantando y pasarlo bien.

 

¿Qué te gusta hacer en tus ratos libre? Intuyo que con un bebé serán pocos…
Ahora mis ratos libres son con el bebé en la bandolera, que me permite hacer todo junto a él. ¡Y los dos felices! Y si su papá está libre, nos
gusta salir a pasear con nuestro perro Tristán. Me encanta pasar tiempo con mis amigos, y asistir a cursos sobre educación y crianza natural. Hasta hay cine para entrar con los bebés. ¡Pero aún no hemos ido!

 

¿Cómo te preparas un papel?
Primero investigo. Luego leo el libreto y, si hace falta, hago una traducción literal de texto. Escucho varias versiones y elijo la que más coincide con lo escrito por el compositor. Repaso con el piano toda la partitura y busco lo que transmite la música. Luego canto y me acompaño. Busco dificultades técnicas o de interpretación. Intento cantar cada dos días por lo menos todo el rol, partitura pura, con todo lo que ya está escrito. Pienso mucho en cómo es mi personaje, busco cómo transmitirlo con la voz y cuerpo. Luego ya voy a ensayar al teatro, donde el Maestro y el director de escena me dirán cómo ven mi personaje. ¡Y seguimos trabajando!

 

Tus próximos retos…
Tengo que hacer audiciones y estudiar nuevos roles, ya que he estado casi un año sin actuar y tengo muchas ganas de volver al escenario. Ser cantante es complicado, pero ser cantante y madre de un bebé a la vez lo es más aún; hay que sacar el tiempo de debajo de las piedras, y tengo que estudiar por la noche cuando duermen todos. Aquí no existe la conciliación familiar, y yo era consciente de las dificultades, así que intento disfrutar de cada momento, ya que el tiempo corre muy rápido…

 

Si saliera un genio de una lámpara maravillosa, ¿qué tres deseos le pedirías?
Poder trabajar sin separarme de mi hijo, poder ver a mi familia cuando quisiera y –por fin– recibir la nacionalidad española.

Por Montaña Vázquez

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *