Míriam Gómez-Morán, pianista: “Los músicos somos gente corriente, tan aburridos (o no) como cualquiera”.

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Míriam Gómez-Morán empezó sus estudios de piano a los once años en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Pero dice que es “un mito eso de que haya que empezar a tocar un instrumento a una edad muy temprana para poder alcanzar un nivel de profesional”. Ella, desde luego, alcanzó ese nivel con creces, imparte clases magistrales regularmente y es autora de artículos para revistas especializadas y, desde el año 2000, es Catedrática de Piano en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León. Especialista en Liszt, compositor del que es una reputada intérprete, ha actuado en importantes auditorios y salas de concierto de España, como el Auditorio Nacional de Madrid, el Palacio de Festivales de Santander, el Palau de la Música de Valencia o el Teatro de la Maestranza de Sevilla, y también en escenarios internacionales como el St. Cecilia’s Hall de Edimburgo, el St. Martin in the Fields de Londres, o el festival de la American, entre otros. Vuelve al Maestranza con Integral de los arreglos de Lizst en las sinfonías de Beethoven.

 

¿Crees que hay paridad en esto del piano?
En los ámbitos musicales en los que me he movido, nunca he observado discriminación alguna hacia la mujer, por suerte. Creo que estamos plenamente equiparadas a los hombres en todos los sentidos. Ahora bien, en otros campos que conozco, como el del ciclismo femenino, sí que he apreciado una falta total de igualdad, lo cual es muy triste.
¿Cuándo hay que empezar para llegar a ser como tú?
Lo primero que tendríamos que preguntarnos es si es deseable llegar a ser como yo (risas). Ya en serio, considero que es un mito eso de que haya que empezar a tocar un instrumento a una edad muy temprana para poder alcanzar un nivel de profesional. Yo misma comencé a los 11 años, en plena adolescencia. Lo que sí es importante es que se haga porque a uno le guste, no por obligación, y que desde la base se cuente con profesores competentes, ya que los errores y vicios adquiridos en esa etapa son muy difíciles de corregir más tarde. En mi opinión, hay que procurar que los niños tengan oportunidades de desarrollar pronto su sensibilidad, su fantasía y sus habilidades físicas e intelectuales, y eso requiere emplear tiempo en actividades como leer, pintar, jugar, hacer deporte, etc. Probablemente, y aunque parezca contradictorio, enfocar a una persona demasiado pronto hacia una dedicación casi exclusiva a la música sea, en el fondo, retrasar su desarrollo en ese campo a largo plazo.

 

¿Cuántas horas ensayas al día y desde hace cuánto tiempo?
No muchas. Lo ideal sería sacar una media de tres o cuatro diarias, pero con el trabajo del conservatorio, los viajes que implican ensayos y conciertos y los avatares de la vida diaria, ni me lo puedo plantear. Por eso procuro estudiar con las ideas muy claras y muy concentrada, para agilizar el proceso de aprendizaje. Por otro lado, tampoco se necesita invertir tanto tiempo tocando a mi edad como en el período de formación, en el cual se emplean muchas horas simplemente en explorar las posibilidades de interacción entre el instrumento, la obra y el músico.

 

¿Hay talento desaprovechado en España?
En España y en todas partes.

 

¿Por qué hacen aburrida la asignatura de Música en Educación Primaria?Desconozco cómo se imparte esa asignatura, así que no sé si la hacen aburrida o no. Supongo que, como casi siempre en la enseñanza, el que resulte atractiva depende del profesor.

 

Compaginas tu labor docente en el Conservatorio con la de pianista.
Sí, soy catedrática de Piano en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León, que tiene su sede en Salamanca, desde el curso 2000-2001. La mayor parte de mi horario lectivo está dedicado a las clases de la asignatura de Piano, pero también dedico una tarde a una materia que se llama Evolución Estilística del Repertorio, obligatoria para todos los pianistas durante los tres primeros años del Grado Superior y en la que yo misma aprendo tanto como mis alumnos.

 

El autor que más te gusta interpretar es Liszt, ¿por qué?
Llevo dedicándome a él desde los doce años. Me resulta un compositor muy rico a todos los niveles y me parece que está injustamente relegado a un segundo plano. Por eso, me he propuesto hacer todo lo posible para difundir su enorme obra.

 

¿Cuáles crees que son tus puntos fuertes?
Quizás eso deban decirlo otros de mí.

 

Mucha gente en España cree que la música clásica es aburrida y, por ende, los músicos también. ¿Qué les dirías?
¿De verdad se cree eso de este tipo de música?  Si es así, les sugeriría que empezasen a escucharla y a dejarse llevar por ella. Hay excelentes programas en Radio Clásica que pueden servirles de introducción (por ejemplo, Música y significado, de Luis Ángel de Benito). Por otro lado, los músicos somos gente corriente, tan aburridos (o no) como pueda serlo cualquier otro tipo de profesional.

 

¿En qué país te sientes mejor valorada?
No me puedo quejar de la acogida que tengo en España. También siempre me he sentido muy a gusto en Hungría, país al que tengo muchísimo cariño y al que considero mi “segunda patria”.

 

Cuéntanos un poco qué va a encontrar el público con la Integral de los arreglos de Liszt en las sinfonías de Beethoven.
Son obras de una dificultad extrema a todos los niveles. Liszt realizó unas transcripciones muy inteligentes, en las cuales se pone de manifiesto toda la energía y complejidad de esas obras. Digamos que convirtió lo que en su tiempo parecía casi imposible (que diez dedos toquen lo que normalmente hacen varias decenas de músicos) en algo real, pero, claro, con una exigencia límite para el intérprete. Cualquiera de los programas de esta integral es casi sobrehumano.

 

¿Eres también compositora?
No. Cuando era adolescente, pensé en tomar ese camino, pero me pareció que carecía del talento necesario, así que preferí dedicarme a tocar y a enseñar. Lo que sí tengo es un perfil musicológico bastante acentuado, con especialización en el campo de la interpretación histórica de la música de los siglos XVIII y XIX e hincapié en Liszt.

Por Montaña Vázquez

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