Macarena Martínez, violinista: “Me encanta vestirme de flamenca”.

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La violinista sevillana compagina su profesión de solista y recitalista con la de profesora de violín. Hemos hablado con ella sobre la vocación de ser músico ante su llegada al teatro de la Maestranza para participar en el ciclo de Jóvenes Intérpretes. Macarena Martínez toca un violín del siglo XVIII y confiesa que “interpretar es una de las mejores sensaciones que se pueden tener… y también de las peores”. ¿Quieres saber por qué? ¡Sigue leyendo!

 

Cuando le dijiste a tus padres “quiero ser artista”, ¿cómo se lo tomaron?
Fue algo progresivo, es una profesión en la que hay que empezar muy pequeña, yo lo hice a los ocho años y a esa edad no te apetece mucho tener la disciplina que requiere estudiar un instrumento. Pero a medida que pasan los años vas valorando todo lo que la música te aporta, desarrollas tu potencial y deseas hacer mejores cosas con el instrumento. Creo que me decidí definitivamente por el violín a los 16 años. Mis padres me apoyaron desde el principio sin ningún problema.

 

¿De dónde surgió tu vocación por la música, por el violín?
Precisamente del amor por la música que se vivía en casa, mis padres no son músicos, pero sí grandes aficionados. Además, mi abuelo materno era un gran violinista, fue concertino muchísimos años en la época dorada de la Orquesta Filarmónica Bética.

 

¿Qué sientes cuando tocas?
Creo que es de las mejores sensaciones que se pueden tener, y también de las peores… Por un lado, en un buen momento de la ejecución, se siente uno pleno, libre, capaz de hacer cualquier cosa y es el mejor medio para expresarse. Pero hay momentos en los que resulta duro y frustrante, hay que tener en cuenta que los músicos somos nuestros mayores críticos, aunque afortunadamente la balanza cae con gran ventaja hacia lo bueno.

 

¿Cuál crees que es tu punto fuerte?
Creo que la ilusión y el amor por la música.

 

¿Y tu punto débil?
Puede que, como para muchos músicos, enfrentarse al escenario frente a un público. Es duro, hay que tener mucha concentración, seguridad y aplomo, y a veces eso puede fallar.

 

¡A mis alumnos les digo muchas cosas! (Risas) Mi principal objetivo es que sean autosuficiente, enseñarles a estudiar solos, a ser críticos y exigentes, que lo entiendan todo por sí mismos para que sean menos dependientes del profesor.

 

¿Se puede vivir de tocar el violín en España?
Está muy complicado, depende de muchos factores, pero hay compañeros maravillosos que están ahí, realmente pueden ser considerados héroes. Pero en la mayoría de los casos se compagina con la docencia.

 

Eres también profesora, ¿qué les dices a tus alumnos?
Para mí es una parte esencial para un músico, poder transmitir lo que sabes es maravilloso y, además, te enriqueces y mejoras como instrumentista con la experiencia docente. ¡A mis alumnos les digo muchas cosas! (Risas) Mi principal objetivo es que sean autosuficiente, enseñarles a estudiar solos, a ser críticos y exigentes, que lo entiendan todo por sí mismos para que sean menos dependientes del profesor. Y otra parte importante es que amen lo que hacen, no se puede aprender bien lo que no te gusta, te tiene que motivar, por ejemplo, el simple hecho de conseguir avanzar en algo que el mes pasado te parecía imposible, e ir a conciertos es imprescindible para los estudiantes de cualquier nivel.

 

¿Cuál es la mejor edad para empezar?
El violín es de los instrumentos que antes hay que empezar, siete u ocho años creo que es perfecto. Aunque hay gente que empieza antes, yo no lo veo necesario.

 

Escuchar música es una medicina para mí, a veces me “prescribo” la pasión de Tchaikovsky; otras la frescura de Mozart; otras la fuerza de Shostakovich, por ejemplo.

 

¿Cuánto cuesta un violín?
Uf, hay muchísima variedad. Desde un violín de fábrica para que un niño empiece a estudiar hasta violines como Stradivarius o Del Gesu, que pueden costar unos cuanto de millones de euros. Depende mucho en qué etapa de tus estudios estés o qué pretendas hacer profesionalmente. No es lo mismo trabajar en una orquesta, ser camerista o dar conciertos como solista, en este caso obviamente necesitas un instrumento con mayores posibilidades sonoras. Y también es muy importante el arco, por supuesto.

 

¿Y el tuyo?
El mío es un Vincenzo Panormo, un violín italiano del siglo XVIII, para mí no tiene precio, estoy encantada con él.

 

Para dedicarse a esto cuántas horas hay que estudiar y practicar al día?
No es una ciencia exacta, hay personas que pueden estudiar todo el día, otras muchísimo menos. Depende del talento de cada cual, emplear más horas ante el violín no significa que vayas a tocar mejor; para mí lo más importante es estudiar bien, estar concentrado y centrado y tener constancia.

 

¿Qué haces en tu tiempo libre?
Estar con la familia, me gusta el cine, algunas series, dar pareos matutinos, me encanta bailar, me fascina viajar…

 

¿Sigues algún tipo de dieta, practicas deporte, yoga…?
Nunca hago dieta, pero sí cuido mi alimentación. Hacer estiramiento es esencial para un músico, hacemos trabajo muscular muy específico y repetitivo y eso puede causar dolores y contracturas. Para un violinista es importante tener flexibilidad y fortaleza en los músculos de la espalda y brazos, por lo que me mantengo haciendo algo de ejercicio específico.

 

Eres de Sevilla… ¿bailas en la Feria?
No suelo ir a la Feria, la verdad, disfruto más de otros ambientes, ¡aunque me encanta vestirme de flamenca! Y no sé bailar sevillanas, es una asignatura pendiente, porque en realidad me encanta bailar.

 

Tu autor favorito es…
Me sería imposible responder. Creo que depende de la etapa que esté viviendo en mi vida o de mi estado emocional del momento, escuchar música es una medicina para mí, a veces me “prescribo” la pasión de Tchaikovsky; otras la frescura de Mozart; otras la fuerza de Shostakovich, por ejemplo.

 

¿Te gustaría dar el salto a la composición?
Uf, lo respeto demasiado como para planteármelo. Componer, y sobre todo componer bien, requiere de unos conocimientos enormes y de gran talento y creatividad.

 

¿Por qué crees que la música clásica es todavía minoritaria en España?
Creo que pasa con las artes y la cultura en general, no se ven con normalidad, como una parte esencial y necesaria para el ser humano. Ahora sólo prima la tecnología, la ciencia, el pragmatismo más cuadriculado y los beneficios materiales. ¿Y nuestras necesidades emocionales? ¿y el placer del disfrute, del conocimiento, de descubrir nuestra cultura?… El medio que más llega a la gente es la televisión, por ejemplo, y ¿cuántos conciertos o programas musicales hay? Y cuando los hay puntualmente están siempre enmarcados en un formato fijo que parece enviarnos el mensaje de que no puede formar parte de nuestras vidas cotidianas. En Alemania, por ejemplo, viven la música como nadie, ir a conciertos allí es como ir al cine aquí, casi todo el mundo toca un instrumento de forma amateur, y admiran enormemente a los músicos.

Por Montaña Vázquez

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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