A fondo: ¿qué es la videoescena? Álvaro Luna, creador audiovisual de ‘La Revoltosa’

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Lleva 15 años dedicado a la creación audiovisual en teatro, ópera, zarzuela, artes escénicas… Ha colaborado con directores tan reconocidos como Gustavo Tambascio, Lluís Pascual, Mario Gas, José Luis Gómez y Deborah Warner, entre otros. Aterriza en el Maestranza con La Revoltosa. A Álvaro Luna le apasiona su trabajo y se nota. A nosotros nos ha encantado descubrir con él por qué este arte es tan especial. ¿Quieres saberlo? Sigue leyendo.

 

¿Qué es un ‘videoescenista’?
Si bien el término víideoescena es nuevo o no demasiado común, la utilización de la imagen proyectada en el teatro por los medios que se dispongan, ya sea el fuego, la luz, el cine, el video, las filminas, las diapositivas u otros, no lo es. La maduración del medio hasta hace unos años ha sido lenta y segura. En estos últimos tiempos, la revolución del vídeo y los medios informáticos a disposición del usuario han fomentado un aumento considerable de su utilización y con ello su crisis consiguiente, la crisis de la que hablaba Brecht cuando lo nuevo no acaba de nacer ni lo antiguo de morir. La crisis nos hace avanzar y crecer, nos saca de nuestro círculo de confort y nos motiva a evolucionar. Videoescena es un término acuñado por el profesor de la Université Laval de Québec, Luis Thenon, hace casi veinte años. La videoescena o videoescenismo es aquella disciplina que se ocupa de la concepción, elaboración y proyección del contenido audiovisual en una obra escénica.

La interrelación entre la escenografía, la iluminación, el espacio sonoro, la videoescena, la dirección, la dramaturgia, la interpretación es cada vez mayor. Poco a poco cada disciplina se aparta de su mera funcionalidad (la iluminación, que se vea a los actores; la escenografía, crear un entorno físico, etc.) para intentar apoyar la construcción dramatúrgica a partir de su utilización artística.

Cada disciplina intenta apropiarse de este recurso que ofrece grandes posibilidades expresivas. El iluminador la tratará como una fuente de luz más, el escenógrafo hablará del vídeo como una forma ágil de crear espacios o el director apostará por su potencial en la creación de ritmo y avance de la dramaturgia. El videoescenista aparece como la figura que debe hacer confluir todos esos intereses, toda esa transversalidad de la propia materia para construir un discurso escénico coherente, estético y dramático. No se trata de sustituir unas cosas por otras, sino de sumarlas.

 

¿Cómo llegaste a esta profesión?
Empecé haciendo vídeos homenaje para el Festival de cine de Málaga con Gerardo Vera, allí se me abrió un mundo de posibilidades al descubrir la proyección de vídeo en entornos no cinematográficos, cada año fui investigando más y acercándome a las artes que actualmente son el 90% de mi trabajo: teatro, ópera, danza, artes vivas, etc. Corría el año 2000 y los métodos de producción se abarataron mucho con la llegada del mundo digital, un pequeño equipo propio y mucha imaginación fueron la base para disfrutar en cada proyecto nuevo que emprendía y que me proponía nuevos métodos, nuevas historias, nuevos estilos o nuevas dramaturgias.

 

¿En qué te inspiraste para crear la de La Revoltosa?
La Revoltosa es una reunión de barrio entre amigos, lo que antes era una corrala pasa a ser el banco del parque o un entorno virtual. Las nuevas formas de comunicarse por medio de las redes sociales fueron el punto de partida de la puesta de la Revoltosa. La facilidad con la que los jóvenes actuales asumen la tecnología y la utilizan para sus fines es una buena inspiración. Elvira Ruiz Zurita, que actualmente colabora conmigo, también participó en la propuesta y entre todos, (Juanjo Llorens, iluminador, Silvia de Marta, escenógrafa y José Luis Arellano, director de escena), creamos la propuesta y le dimos forma con un gran trabajo de equipo.

 

06. Agosto de Tracy Letts dirigida por Gerardo Vera videoescena Álvaro Luna CDN 2012 foto de Álvaro Luna

Agosto’ de Tracy Letts dirigida por Gerardo Vera videoescena Álvaro Luna CDN

 

Cuéntanos tu visión sobre esta disciplina en España, ¿está reconocida? ¿Hay demanda?
Reconocida… digamos que asumida. La capacidad del espectador para asumir la videoescena está más que demostrada. En un mundo de pantallas e impactos audiovisuales constantes, el espectador está educado para discernir lo importante de lo que no lo es, y también lo está en decodificar la yuxtaposición de esos impactos. La creación de un nuevo lenguaje se genera directamente influenciado por el destinatario de ese lenguaje. La videoescena no existiría si el espectador no fuera capaz de interpretarlo. Ambos se alimentan mutuamente.

Por otro lado, la profesión en su mayoría, las demás disciplinas, acogen a la videoescena con el recelo de un músico más en el concierto, un esfuerzo más en el diálogo común del equipo, pero cuando ven que los resultados son potentes, que a todos nos beneficia y empiezan a entender que usa un lenguaje particular al igual que sus propias disciplinas (no es cine, es videoescena) lo disfrutan y utilizan.

La utilización del término videoescena no hace más que reinvindicar nuestro hueco en la artes escénicas, el video ha llegado para quedarse, ahora debemos usarlo bien.

Respecto al reconocimiento ya llegará, por ahora la invisibilidad de la profesión la provocan cosas tan poco importantes como que no exista como categoría en los PREMIOS MAX. Pero eso es secundario, ‘postureo’ como se dice ahora. Lo importante es hacer saber a los productores que el vídeo no es sólo una forma barata de hacer decorados y que todo requiere mucho esfuerzo y dedicación, los que nos dedicamos a esto intentamos hacer de todo, grabamos, pintamos, postproducimos, editamos, programamos, ¡todos los oficios del cine en uno! Y eso es de todo menos fácil y barato.

 

Ilíada. Proyecto Homero dirigida por Jose Luis Arellano. Videoescena Álvaro Luna. foto de Samuel García Arroyo

‘Ilíada’. Proyecto Homero dirigida por Jose Luis Arellano. Videoescena Álvaro Luna. Foto de  Samuel García Arroyo

¿Cómo es el proceso de creación visual?
Siempre comienza y acaba en el director. Normalmente empieza con charlas relajadas en las que se habla sobre la obra muy en general, sobre el clima, los objetivos y se toman referencias de todo tipo, musicales, literarias, cinematográficas, otras más propias del arte contemporáneo como la performance o la instalación. Después viene la fase de producción de los contenidos, una fase bastante desquiciante en la que pasas las ideas que has tenido de lo etéreo al soporte de imagen digital. No siempre sale lo que imaginaste al inicio, y eso a veces te ayuda a avanzar y otras a sumirte en la crisis y soledad más grande del mundo. Es una fase muy solitaria de la creación. Por último viene la fase quizás más complicada: la implantación en el espacio y la primera vez que proyectas en la escenografía levantada. Siempre es una sorpresa, aunque creas que tienes controlada la mayoría de los factores. Muchos son los condicionantes: las texturas que se han utilizado en la escenografía, el color, cómo es la sala, la sensibilidad y oficio del iluminador y, sobre todo, la convivencia con los actores y cómo acusan ellos la introducción de la proyección videoescénica. Por suerte la posibilidad de cambios es medianamente ágil. Y digo medianamente porque es más rápido, por ejemplo, que construir un decorado nuevo pero menos ágil de lo que el director se imagina muchas veces. En la actualidad todos estamos rodeados de todo tipo de imagen gráfica y de vídeo en publicidad, cine, televisión, internet, etc. y cada una tiene su propio lenguaje, sus tiempos, sus modos de producción y sus presupuestos y muchas veces hay que aclararles esto a los directores. Digamos que el teatro tiene unos presupuestos reducidos respecto a otros campos y a veces hay que explicar que cuesta mucho tiempo, dinero y personal hacer ciertas cosas

 

¿Se puede –de verdad- vivir de esto en España? ¿En qué países y disciplinas se demanda más?
Por supuesto, yo lo hago desde hace 15 años. Te tiene que gustar el audiovisual como medio de expresión y desde luego el teatro y las demás artes escénicas. Yo creo que no hay mucha gente trabajando en esto por varias razones; lo primera es que no hay una formación específica sobre videoescena, es un campo muy amplio aún por explorar y todos los que conozco que se dedican a ella son autodidactas en mayor o menor medida. La segunda porque hay otras ramas del audiovisual más estructuradas y más famosas culturalmente como el cine, la publicidad, la televisión o ahora los vídeos para internet. Creo que en España se hacen bastantes producciones que incluyen videoescena, no hace falta abusar del recurso, en general, la relación con el audiovisual está más asumido en países anglosajones: Inglaterra, Alemania o EEUU están a la cabeza no sólo en su utilización por cantidad si no por calidad e interés de las propuestas.

 

La ópera y la zarzuela están viviendo un proceso de ‘modernización’. Hay nuevos montajes y otra visión, ¿qué opinas al respecto?
Creo que la inmovilidad del libreto y la música han producido ese relanzamiento de las demás disciplinas que intervienen. De alguna forma, la única forma, por parte de un director, de dar una intención o lanzar un mensaje elaborado en un título de zarzuela u ópera pasa por la estética y la utilización de los recursos que si tiene potestad de moldear, es decir, con la escenografía, la iluminación, la vídeoescena o el vestuario tratará de comunicar al espectador su visión, y eso muchas veces se traduce en propuestas modernas o revolucionarias en un entorno tradicionalmente muy conservador. Por suerte, esa visión conservadora se va reduciendo y se está abriendo paso público más joven con otras demandas. Hay escenarios para todos y la oferta cultural debe ser variada e imaginativa a mi modo de ver. Cada espectador elegirá el asiento que más le agrade.

 

En el caso de la zarzuela y la ópera, ¿crees que puede llegar al público más joven?
La creación de nuevos públicos, según mi opinión, es uno de los objetivos actuales del teatro o de cualquier otra forma de cultura. Estos nuevos espectadores buscan similitudes en los escenarios de lo que viven diariamente. Por tanto, el espectador está preparado para asumirlo y estas nuevas técnicas, pueden resultar un revulsivo para llevar a las salas de teatro un público joven más acostumbrado a la iconografía y el tempo audiovisual del cine, la televisión e internet. Esto no quiere decir que las artes escénicas actuales no existan sin vídeo, ni mucho menos, del mismo modo que nadie dice que una obra no se pueda hacer con un actor, una bombilla, y un espacio vacío. Las nuevas tecnologías en el teatro se constituyen en un medio que estimula la evolución de las artes escénicas devolviendo al espectador la sensación y el placer de la libertad artística. No se trata de abrazar las nuevas tecnologías sin crítica alguna, sin reflexión previa. Pero no se debe prescindir de aquellas técnicas que benefician el significante de una obra, aunque con ello cambiemos la visión clásica del teatro, la ópera o la zarzuela.

 

¿Qué le recomendarías a alguien que quisiera dedicarse a la creación audiovisual?
Que no se frustre intentando manejar toda la oferta tecnológica que tiene a su servicio. Las herramientas son eso, herramientas, útiles que nos ayudan a conseguir un fin, a mandar un mensaje, a crear algo, si una herramienta no te ayuda, utiliza otra. La mejor herramienta para conseguir tus metas la llevamos siempre encima. En su cabeza están las ideas que le llevarán a la creación afortunada. Por tanto, ‘esencializar’, no perderse en la tecnología, y disfrutar de la propia imaginación es la mejor de las herramientas.

Por Montaña Vázquez

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