“Soy bastante intolerante a la mediocridad”. Jacopo Godani, director artístico de la Dresden Frankfurt Dance Company

Photo: Rahi Rezvani

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Decidido, comprometido con la danza, valiente y sin pelos en la lengua. Así es Jacopo Godani. Tras una extensa trayectoria como bailarín y coreógrafo al lado de figuras tan importantes como Maurice Béjart y William Forsythe, el italiano es desde 2015 director artístico de la Dresden Frankfurt Dance Company. Le llaman ‘el renovador de la danza’ pero, lejos de subirse a este podio, insiste en que la clave está en seguir innovando. ¿Qué vamos a ver en su espectáculo? “Baile, sudor y caña”. Charlamos con él por teléfono y nos contó muchas más cosas.

 

¿Es tu primera vez en Sevilla?
No, ya vine hace un millón de años (risas).

 

¿Cuál es tu punto de partida a la hora de crear una coreografía?
El trabajo que hago es bastante constante, tiene su propia evolución y es una búsqueda que se mantiene activa… Cuando llegamos a un punto que nos gusta lo cogemos como referente para la próxima creación. Creamos un universo mental hacia el cuerpo, porque hay una relación entre el cuerpo y la mente, por eso buscamos la unión cerebral y física, la coordinación sofisticada y compleja hasta donde nos limita la mente y el cuerpo. Pero la mente es flexible y se puede reconfigurar.

 

Dicen que eres muy muy exigente con tus bailarines… ¿Cómo definirías tu forma de exigir?
Bastante intolerante a la mediocridad. Durante finales de los 70 y principios de los 80 había mucha creatividad, muchas cosas interesantes y figuras fantásticas. Y recuerdo que estaba deseando llegar a la década de 2000 para ver más innovación, más creatividad… Pero desgraciadamente, ya estamos en los 2000 y no me puedo creer lo mediocre que es todo. Nuestros referentes son Barbie y Ken, esto es patético. En mi entorno profesional, intento no dejar que los bailarines se queden en lo cómodo. Por supuesto, no les impongo mi visión, pero sí les impongo tener una visión propia más allá de lo que es la norma, a no conformarse, a ser autocríticos y ser consecuentes con la responsabilidad que tiene hacia la sociedad.

 

¿Y te hacen caso?
Sí, pero ni ha sido fácil conseguirlo. Casualmente eran los que más experiencia tenían los que me han dado más problemas. Pero ha habido una selección natural, y ahora tengo auténticos bailarines de danza contemporánea, comprometidos con su entorno, con la compañía y la sociedad. Hemos llegado a un acuerdo de cómo llevar el día a día en la organización del trabajo, que sean los primeros responsables de su trabajo, casi autosuficientes, que tengan más iniciativa.

 

¿Qué es la danza para ti?
Es un medio que conecta energía mental y concepto. Es información, un contenedor que nos permite conectar con el cuerpo y con la realidad. Cuando ves lo que hace un bailarín, mucha gente lo ve una proeza, pero deberíamos tener todos una formación así para ver cuánto poder hacer, hasta dónde puedes llevar al cuerpo, y sacarnos más partido. Somos Ferraris pero funcionamos como bicicletas.

 

¿Pero entonces crees todo el mundo tiene talento para la danza?
Absolutamente. Todo el mundo tiene capacidad para la danza. Yo he crecido en un pueblo italiano y nadie me entendía, creían que era un imbécil. Por eso es tan importante la figura del maestro; si tienes suerte y te informan de todo el abanico de posibilidades, te desarrollas. Si no, pasas a ser un subproducto.

 

¿Crees que un buen espectáculo de danza debe tener una gran dosis de dramaturgia? ¿Cómo lo consigues?
La dramaturgia no es sólo narrativa. La danza no tiene que se ser una narrativa, pero la gente no la acepta si no va acompañada de otras formas de arte que la sostengan. Necesita otras cosas para sobrevivir, y eso no me gusta mucho. Para mí lo esencial es cómo eres capaz de manipular el tiempo y el ritmo de las acciones para crear emociones. Si la danza consigue esto, es importante y absorbe la atención de la gente.

 

Dicen que eres el renovador de la danza… ¿te ves así?
¡Ojalá, nena! (risas) Pero es muy difícil ser esto. Yo vivo en un entorno de búsqueda e inspiración y eso implica seguir creando. Nosotros intentamos crear espectáculos que tengan una repercusión sobre los seres humanos, que confirmen que las ideas tienen resultado.

 

¿En España, qué ciudades o autonomías son las más fructíferas en contemporánea?
Lo que he notado es que la presencia de España se ha debilitado mucho en Europa, no sé por qué.

 

¿Cómo tiene que ser la danza del siglo XXI según Godani?
Honesta, desnuda de toda frivolidad y formalismos, y sobre todo con gran actitud de lo que comporta ser bailarín. Es decir, conocer lo que es importante en el mundo del arte, no caer en la superficialidad de pequeñas y oportunas ‘ideítas’ que sólo sirven para alimentar el ego. Creo que no es suficiente hacer numeritos donde meas o te desnudas en el escenario, esto es patético y superficial; puede ser divertido, pero no perdura. Además, creo firmemente que el verdadero impacto lo consigues con la gente con la que trabajas día a día, hora a hora en el estudio.

 

¿Qué puede esperar el público del Maestranza?
Baile y sudor y caña. Mi espectáculo es pasional, ballet futurista. Aplicamos la técnica de utilizar el cuerpo en sus extremos, muy física. Somos un grupo que funciona en sincronía haciendo cosas muy complejas, que pretende cambiar la energía del espacio escénico para conseguir un objetivo común.

 

Las nuevas generaciones de bailarines, ¿cómo son?
Son más rápidos en aprender, más flexibles, pero, por desgracia, también noto que tienen menos inspiración artística, son aburridos. Tienen que aprender a mirar el espacio y conectar el campo electromagnético que está afuera. No quiero que esto suene intolerante, pero para conseguir un nivel excelente ahora y en el futuro necesito gente que tenga un potencial extraordinario, y no puedo ni tengo por qué enseñarlos. Hay que empezar a seleccionar. Hace 30 y 40 años ya estábamos en camino, pero hemos perdido ese talento por el camino.

 

¿Qué cambiarías en el mundo de la danza?
Es una pregunta muy interesante, pero quizás necesitaría una semana para pensar la respuesta… (risas). Sin embargo, creo que hay algo que lo cambiaría todo en cadena: la innovación en la educación. Lo que nos retrasa son las técnicas, cuando veo bailarines geniales que se convierten en profesores y adoptan las técnicas ya establecidas desde hace siglos… ¿por qué no desarrollan su propia técnica? Si queremos resultados evolutivos tendremos que aplicar metodologías más evolucionadas en el aprendizaje.

Por Montaña Vázquez

 

 

 

 

 

 

 

 

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