A fondo: cómo se escribe un libreto. Pablo Valdés, autor de la ópera Alí Babá, nos lo cuenta

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Dice que “el libretista desenrolla la alfombra por donde llegará su majestad, la Música” pero –entre vosotros y yo– hay que reconocer que es difícil encontrar un buen ‘desenrollador’ de alfombras… Pablo Valdés lo es. Y un racimo de títulos como Alí Babá y los cuarenta ladrones, El traje nuevo del emperador, Cuento de Navidad, así como adaptaciones al castellano de The Toy Shop (Seymour Barab), La Princesa Árabe (Paula Fünfeck), su versión en castellano de la ópera italiana Pinocho (P. Valtinoni-P. Madron) y el próximo estreno en junio de 2018 de Don Perlimplín, libreto basado en el texto de  García Lorca, lo demuestran. Hemos hablado con él sobre esto de escribir ‘guiones’ para ópera y nos lo ha contado todo. 

 

Nacido en Pamplona, estudió Dramaturgia y Dirección Escénica en el Teatro Español y en el Laboratorio de Teatro William Layton de Madrid. Ha trabajado en el Centro Dramático Nacional como ayudante de dirección de José Carlos Plaza, Miguel Narros, Josefina Molina o Álvaro del Amo. Ha dirigido montajes teatrales como Leoncio y Lena, La mueca del miedo, Historia de una muñeca abandonada, Santa Juana de los mataderos Como autor teatral ha estrenado Dos uno y ninguno, Y qué, El truco de la paloma y Natacha. Su obra Dulce de membrillo obtuvo el Premio de Teatro de Autor Domingo Pérez Minik.

Pablo, ¿eres como el guionista en el cine?
Sí, el culpable de que la historia sea aburrida o interesante. Las obras de teatro musical (óperas, zarzuelas, musicales…) tienen dos autores: el libretista crea la parte teatral y el compositor, la musical. Aunque algunos, como Wagner, se atreven con todo. El libreto es toda la acción dramática de una ópera, no sólo las palabras que dicen o cantan los personajes, también lo que hacen.

¿Cómo llegas a formarte para ser libretista de ópera? ¿Hay algún estudio especial?
No, los compositores suelen colaborar con autores teatrales. Yo estudié dirección escénica y dramaturgia, aunque de pequeño también solfeo y violín. Tuve la suerte de encontrarme con Íñigo Casalí, un compositor superdotado que ama el teatro tanto como yo la música. Ópera de Cámara de Navarra sorprendió a todos encargando nuevas óperas. Casalí ya había compuesto El flautista de Hamelin, y yo, como una ratita melómana, le seguí. Estrenamos El traje nuevo del Emperador y desde entonces intento aprender el oficio.

¿A partir de qué datos empiezas a crear el texto?
A partir de la idea del compositor: él es el verdadero creador y dueño de una ópera. El libretista es un ayudante que el mundo del teatro le envía para que la historia se mantenga en pie. La ópera es música: ningún libreto salvará una mala partitura. Lo contrario es posible, habitual incluso. Cuando vislumbro la idea que flota en la imaginación del compositor, pongo mi oficio teatral a su servicio para que música y drama parezcan nacidos a la vez.

Los requisitos fundamentales que debe tener un libreto de ópera son…
Los de cualquier obra dramática: una trama, donde nada sobre ni falte, que haga al espectador preguntarse continuamente qué ocurrirá a continuación. Además, el libreto debe inspirar al compositor y facilitarle el trabajo: cuantas menos palabras, mejor. Y la estructura dramática debe estar diseñada para encontrarse con las formas musicales. El libretista desenrolla la alfombra por donde llegará su majestad, la Música.

La ópera es música: ningún libreto salvará una mala partitura. Lo contrario es posible, habitual incluso. Cuando vislumbro la idea que flota en la imaginación del compositor, pongo mi oficio teatral a su servicio para que música y drama parezcan nacidos a la vez.

¿Has escrito también para zarzuela o teatro musical?
He trabajado sobre todo en óperas originales para niños y en algunas adaptaciones de óperas extranjeras. Pero me atrae mucho la puesta al día de los libretos de zarzuela. Como ayudante de dirección de José Carlos Plaza en el Teatro de la Zarzuela, he podido comprobar lo necesaria —y divertida— que es esa labor.

¿Cómo llegaste a crear el libreto de la ópera Alí Babá y los cuarenta ladrones?Fue la segunda ópera que escribí con Íñigo Casalí y la primera en que trabajé para coro de niños. El cuento me había impresionado desde pequeño, me daba miedo. Pero más miedo me daba la idea de Casalí: quería una ópera genuina, sin partes habladas. Recuerdo que pasé más tiempo quitando palabras que escribiendo. Cuando los personajes tardan veinte segundos en darse los buenos días, no te importa que parezcan algo maleducados.

Si voy a adaptar un cuento, lo escondo durante un tiempo e intento reconstruirlo recordando lo que sentí de pequeño al escucharlo. La mente de un niño nunca falla: sólo guarda escenas emocionantes. Comienzo a escribir y acabo cantando en voz alta unos versos que me parecen estupendos… hasta que los leo al día siguiente. Borro casi todo y vuelta a empezar.

¿Escribir un libreto de una ópera para niños, o familias, como es el caso de Alí Babá es más o menos difícil que para un público, digamos, ‘entendido’?
Yo hablaría de óperas “también” para niños. Íñigo y yo no hacemos diferencias: intentamos crear la mejor ópera posible a partir de un relato interesante que guste a pequeños y mayores. Y por respeto a ese sector del público recién llegado al planeta, nos esforzamos aún más en depurar el vocabulario y las situaciones. Mis hijas Amaia y Miren eran pequeñas cuando estrenamos Alí Babá y me ayudaron mucho.

¿Cuál es tu rutina en el momento de escribir?
Si voy a adaptar un cuento, lo escondo durante un tiempo e intento reconstruirlo recordando lo que sentí de pequeño al escucharlo. La mente de un niño nunca falla: sólo guarda escenas emocionantes. Comienzo a escribir y acabo cantando en voz alta unos versos que me parecen estupendos… hasta que los leo al día siguiente. Borro casi todo y vuelta a empezar.

¿Cuánto sueles tardar desde que inicias el proceso hasta que lo entregas?Puedes acabar el libreto en dos meses y entregárselo al compositor para que haga lo que le parezca. Yo prefiero proponerle varias sinopsis del argumento hasta llegar a un acuerdo. Entonces comenzamos a crear la ópera al mismo tiempo, a cuatro manos. Las escenas inspiran ideas musicales y la música sugiere nuevas escenas. Es más largo pero hay una pugna continua entre música y teatro que resulta muy creativa.

¿Qué es más difícil: afrontar un libreto de nueva creación o una adaptación?
Una adaptación me la planteo siempre como una nueva creación. Si parto de una obra narrativa, como en Cuento de Navidad, la desmenuzo hasta descubrir la idea original, la célula madre que la engendró. A partir de ella intento construir una obra diferente, esta vez dramática. La que habría creado el autor –me gusta pensarlo así— si hubiera destinado su idea al teatro.

¿Necesitas saber leer música?
No es imprescindible pero a mí me ayuda mucho, sobre todo al ajustar el texto con la música definitiva o cuando el compositor propone una determinada melodía a la que hay que dotar de acción dramática. Porque a veces, para que la música “siente como un guante”, al libretista le toca crear una mano a la medida.

¿Cómo ves el oficio de libretista en España? ¿Está reconocido? ¿Tenemos buenos libretistas?
Hay muy buenos dramaturgos y lo demuestran cuando tienen ocasión de acercarse al género. Pero los musicales son de importación y apenas se componen nuevas óperas o zarzuelas. Algo está cambiando: en 2018 Albert Boadella estrenará su ópera El Pintor y Álvaro del Amo —con quien tanto aprendí como ayudante—, una zarzuela nueva: Policías y Ladrones, con música de Tomás Marco. Nos vamos a divertir.

¿Qué proyectos tienes sobre tu escritorio?
Ópera de Cámara sigue sorprendiendo: en junio de 2018 estrena la ópera Don Perlimplín, con música de Vicent Egea. En el libreto intento ser totalmente fiel a la obra original de García Lorca porque sus palabras ya son música. Y la partitura de Egea es una filigrana contemporánea y sorprendente. Estamos muy ilusionados.

¿Qué le aconsejarías a alguien que, mientras está leyendo tu entrevista, pueda haberse sentido atraído por esta profesión?
Que no me haga mucho caso y se deje llevar por la música.

Por Montaña Vázquez

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