Erika Escribá-Astaburuaga: “Cantar ópera es como hacer el amor”

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A Erika le gusta bailar swing, salir con sus amigos, practicar running dentro del agua, hacer deporte, subir tresmiles, estar con su familia. En fin, lo que a todo el mundo. Iba para atleta pero ahora es soprano, una de las voces jóvenes españolas con más proyección.

De atleta a soprano, ¡menudo cambio!
(Risas) Sí, cuando era adolescente hacía atletismo, pero una lesión en los abductores truncó mi carrera de atleta. Lo que más me gustaba era hacer deporte y, aunque era muy ‘teatrera’, era incapaz de sentarme al piano y estar quieta. Así que mi madre me apuntó a un coro y a partir de ahí me enganché. Me lancé a cantar porque no pude evitarlo, no fue un sueño que quise alcanzar, nada premeditado. Todo fue rodado, para mí era como una necesidad de expresión y canto porque me sale de las entrañas. Cuando me dijeron que tenía talento entonces sí me propuse ser solista. ¡Y aquí estoy!

 

¿Qué es para ti hacer ópera?
La ópera es el espectáculo que unifica todas las artes, la música permite una expresividad más visceral, más interna, eleva a la máxima potencia todas las emociones. La música te perfora, entra en nosotros y sale por los poros de la piel. Cuando has interpretado una ópera varias veces y se establece como una especie de cohesión entre los personajes y los músicos de la orquesta, el director, se produce un intercambio de emociones, de percepciones, de sensaciones, y lo que sientes es una explosión de dos personas en conjunción. Es como hacer el amor. Hay veces, no siempre, en las que consigues abandonarte totalmente a la música y alcanzas algo parecido a un clímax. Creo que ésa es la razón por la que nos dedicamos a esto.

 

Ópera y millennials: ¿un oxímoron?
Para nada. Es verdad que hacer una ópera es muy complicado, intervienen muchas personas y cuesta mucho dinero. Debería estar subvencionada por el Estado. Si la ópera no llega a los más jóvenes no es sólo porque es ‘cara’ sino porque no se invierte lo necesario. No podemos permanecer indiferentes al cambio que ha experimentado la sociedad, si queremos conectar con el público más joven tenemos que hacerlo a través de la imagen y sobre todo a través de las redes sociales, porque ése es su mundo. En cualquier caso, creo que la educación musical empieza en las escuelas. En mi etapa de profesora de música les he enseñado ópera a mis alumnos, y creo que es ahí donde hay que incidir y abrirse a una nueva realidad.

 

¿Tu personaje favorito?
Yo viví una experiencia emocional muy potente interpretando Manon Lescaut, porque es una mujer llena de vitalidad, de sueños, de contradicciones… Es un personaje muy complejo, muy rico, y yo sentía que vivía en otra época y me enfrentaba a todos los problemas y situaciones en las que se encuentra Manon. Y sobre todo me impresiona su valentía, su aproximación a la sexualidad y la belleza. Me marcó mucho. Pamina, de La flauta mágica, me encanta también porque encarna la belleza pero desde unas emociones muy puras, muy bellas, muy orgánicas.

 

Erika con los cinco sentidos
Gusto: “Soy una ‘comedora’ empedernida y me encanta la paella de mariscos”.

Olfato: “Tengo el olfato muy desarrollado y lo asocio a mis recuerdos. Mis aromas preferidos son los que me recuerdan a mi infancia y a las personas que he perdido. Tengo el olor de mis abuelos en la pituitaria.

Tacto: “Mi preferido es el tacto de la piel”.

Vista: “Elijo la que veo desde la cima de un tresmil. Y el mar, necesito ver el mar, si no me ahogo”.

Oído: “Escucho todo tipo de música. Mi madre es cubana así que estoy muy en conexión con la música latinoamericana. Antes de un concierto tengo que bailar salsa durante tres o cuatro minutos, para soltarme un poco. Me encantan los cantautores latinoamericanos y el rock’n roll; este año pasado me fui a Milán a un concierto de Springsteen”.

 

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