Paco Azorín: “Para mí el escenario es un juego donde todo es posible”

Paco Azorín es director de escena y escenógrafo.

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Tosca, Salomé, Otello, Julio César, El amor brujo… Todas, y muchas más, entre óperas, teatro, zarzuela y ballet tienen el sello de este director de escena y escenógrafo que vive por y para las tablas. Reconocido por la crítica por su toque personal y estético en los montajes y direcciones que lleva a cabo, Paco Azorín es ya un referente en el panorama internacional.

¿Por qué te inclinaste por estudiar dirección de escena? ¿Algún detonante en tu vida?
Desde pequeño he crecido escuchando música, particularmente ópera y zarzuela, puesto que en mi casa eran muy melómanos. Eso me inclinó en una edad muy temprana a jugar con un pequeño teatrito en el que hacía mis representaciones con pequeñas maquetas de escenografías. Supongo que desde entonces el escenario es un juego para mí, una especie de realidad aumentada donde todo es posible. Cuando cumplí los 17 años y tuve que elegir un camino, nadie en mi familia pensó que fuera posible estudiar otra cosa.

Trabajas indistintamente como escenógrafo y como director de escena, ¿qué diferencia hay entre ambas actividades?
Precisamente intento difuminar las diferencias entre ambas disciplinas. El punto de partida de mis escenografías es siempre dramatúrgico, mientras que el origen de mis puestas en escena siempre está en el espacio. Son dos caras de la misma moneda que, en mi caso, se retroalimentan.

¿Cuál te gusta más?
Es prácticamente imposible elegir una preferida. El escenógrafo juega con materiales inertes. El director del escena juega con material humano… Eso siempre es un reto, un plus y una dificultad añadida.

¿En España dónde se puede estudiar escenografía y dirección de escena?
A día de hoy casi todas las capitales de provincia tienen una Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) donde se pueden estudiar ambas disciplinas dentro del sistema público, y con unos parámetros de calidad más que aceptables. En el caso de Sevilla, la ESAD es estupenda; he tenido la posibilidad de comprobarlo personalmente.

¿Cómo son los montajes del siglo XXI en lo que a ópera se refiere?
Me gustaría pensar que son más democráticos, es decir, destinados a cualquier ciudadano. Si bien la ópera es un género musical, las producciones del siglo XXI ya no pueden obviar la parte escénica y visual, puesto que representa un reclamo y un instrumento de gran elocuencia para contar una historia sobre el escenario.

¿Cuánto puede costar un montaje?
Cuando se tiene una idea potente, a veces los recursos económicos no son lo más importante. Un día dije de paso en una entrevista: “el escenario no es un lugar para llenar de cosas sino de ideas”. A veces las ideas son muy económicas, otras no tanto. Es casi imposible establecer un baremo estándar.

¿En qué nivel nos movemos en España?
La verdad es que en nuestro país hay dos divisiones de juego, siguiendo un símil futbolístico. En la primera división está Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia y puntualmente algún otro festival. El resto de teatros, más pequeños, como es lógico se mueven en un nivel más discreto en cuanto a producciones. Y en general, España está a un nivel bastante acorde con el resto de Europa.

¿Cuál es la clave en la dirección de escena de una ópera?
Para mí, la clave reside en entender que música, acción y estética son un tándem indisoluble y equitativo. Se trata de comunicar emociones por encima de cualquier otro objetivo y, por supuesto, a cualquier precio.

¿Crees que una buena dirección de escena y escenografía puede acercar la ópera a las nuevas generaciones?
Por supuesto. Una buena dirección y escenografía contribuirán, sin duda, a un espectáculo global mejor. Sólo a través de la excelencia la ópera llegará a todos los públicos.

¿Los cantantes de ópera son buenos intérpretes?
Podemos decir que tradicionalmente se ha dicho que no, pero no es cierto. Los cantantes actuales están también formados en la interpretación y son muy conscientes de que se llega al espectador a través de todo su ser, no sólo de su voz. Considero que un cantante es un transmisor de emociones sin comparación con ningún otro intérprete.

¿Cómo desconectas entre montaje y montaje?
La verdad es que cuando uno entiende su profesión como un juego, en toda la amplitud del término, no hace falta desconectar. Al contrario, las ganas de jugar se acrecientan y lo inundan todo.

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