Javier Borda, un ‘bajo’ muy alto que practica crossfit

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Dice que no tiene manías de divo, que sólo se concentra en su camerino y se lanza a cantar. Estudió canto en la escuela de María Eugenia Echarren en su Pamplona natal y luego se marchó a Viena. La altura y la voz de este ‘bajo’ imponen fuera y dentro de escena, pero Javier es un tipo sencillo que canta, lee y practica crossfit. Estuvimos con él entre bambalinas en un descanso de los ensayos de La flauta mágica. 

¿Qué sientes cuando cantas?
Uf… ¡Cuando canto bien es glorioso! (ríe). Yo me dedico a esto por el sentimiento que me imaginé al escuchar a cantantes como Cesare Siepi o Pavarotti. Entonces pensé que hacer esto debía de ser espectacular.

¿Y lo es?
Cuando tienes momentos en los que todo encaja, en los que todo está en su sitio, es fantástico.

¿Tienes muchos de esos momentos?
Bueno, la mayor parte del tiempo es una lucha interior que intentas no mostrar para que nadie lo note, pero está ahí. Se trata de conseguir ese equilibrio entre control y expresión. En la ópera la expresión lo es todo, pero el cantante no puede explayarse sin más y dejarse llevar sólo por la expresión, debe estar atento a lo que está haciendo, por eso es tan difícil conseguir ese equilibrio.

¿Cuál es tu personaje favorito?
Pues quizás haya sido Sarastro, de La flauta mágica. Es un papel con mucha miga en una ópera impresionante y me he adaptado muy bien a él, además llevo a Mozart en el alma, quizás porque estudié en Viena.

Muchos piensan que la ópera es elitista.
Yo no lo creo. No es elitista porque es arte, y el arte nunca es elitista.

¿Crees que hay una marca España en el bel canto?
Creo que hay voces impresionantes. Hay una cantera increíble y siempre la ha habido. Y creo además que el alma española ayuda a cantar. Siempre pensamos que lo de fuera es mejor, pero yo no acabo de ver eso. He trabajado mucho fuerza de España y mi concepto del español es de un profesional serio, sí, pero también con una apertura y una personalidad muy determinadas. No veo tópicos.

¿Crees que la ópera sigue siendo actual?
Por supuesto. Igual que lo es un Rembrandt. El impacto es inmediato. Para mí lo antiguo es más actual que lo nuevo porque me parece más auténtico. Las grandes obras de nuestra cultura no pertenecen al pasado aunque se hicieran en el pasado, son obras actuales que nos alimentan y nos ensañan quiénes somos hoy en día, y eso sirve para la ópera, para la pintura, para todas las artes.

Un consejo para ese joven que, quién sabe si al leer tu entrevista, quisiera ser cantante de ópera.
Si ya ha empezado y se da cuenta de lo que conlleva esa elección mi mensaje sería: no te rindas nunca, sigue adelante cueste lo que cueste. Y cuesta mucho. Pero, de hecho, yo empecé a cantar mejor cuando decidí que esta sería mi profesión. Y a quien no haya empezado le diría que es fundamental tener un buen profesor y no temer salir a escena siempre que pueda, porque aunque no esté todo perfecto, el cantante se curte en recitales, en conciertos… en escena.

Como dice la canción, ¿a qué dedicas el tiempo libre?
(Se ríe) Leer es mi pasión, toco el piano un poco sin que nadie me escuche y practico crossfit. Parece un poco locura, pero soy un aficionado moderado, el eterno principiante, no me mato entrenando porque tengo que cuidar la voz.

¿Cómo la cuidas?
De una forma… digamos… holística. Me encantan los temas de salud y he descubierto que cuidar la voz es cuidarse entero, cuidar tu salud en general. Yo lo consigo leyendo, siguiendo una dieta específica que me va muy bien y practicando el método Buteyco de respiración, que actúa contra las enfermedades crónicas, pero tiene un efecto muy positivo sobre la voz.

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